El baño: integración y sensualidad

14 jun El baño: integración y sensualidad

Hoy en día, el baño es un lugar especial y destacado como parte integrante de la arquitectura de interior, doméstica o funcional, que evoluciona como consecuencia de las nuevas tendencias, desde los materiales, la iluminación, las instalaciones sanitarias y la incorporación de la tecnología o nuevas formas de vida.

Como especialistas en sensaciones, sabemos que las posibilidades de diseñar un baño son amplias y con ellas la manera de concebir experiencias y sensaciones, de situarlo en una dimensión de disfrute e incluso de sensualidad.

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LA EVOLUCIÓN DEL BAÑO

El dormitorio y el baño han sido hasta ahora cuartos contiguos pero que han estado claramente separados por cuestiones de higiene y privacidad. Sin embargo, en algunas ocasiones, tanto el lavamanos como la bañera, han formado parte del cuarto de dormir.

La tendencia actual recupera estas distribuciones y se impone como un avance en la evolución del diseño arquitectónico contemporáneo.

LOS LÍMITES DEL BAÑO

La decoración y el diseño se imponen cada vez más y con ello el baño actual tiende a abrirse, a desprenderse de sus límites físicos y a integrarse en el lugar de descanso, de tal manera que el concepto de privacidad se difumina y aumenta el de escenografía y sensualidad. El baño se desintegra en sus elementos individualmente para integrarse en la habitación.

El baño y el dormitorio se conciben como un único ambiente, los espacios se relacionan al máximo, tanto entre ellos como con el exterior.

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Los límites del cuarto de baño se comienzan rompiendo a través del espejo. El espejo crea una sensación de mayor amplitud. Si ese espejo está colocado en rincón desaparecen las esquinas, el espacio se amplía más hacia infinito, hacia el exterior.

En cuanto a aberturas, desaparecen las pequeñas ventanas funcionales que limitan las vistas. Una ventana puede ampliar el espacio hacia el exterior o exteriorizar algunas actividades del baño. De la misma manera, predominará la luz natural y un carácter abierto y comunicado. Pero mientras que la apertura del baño hacia el exterior irá en función del entorno en el que se halle, sí que existe una mayor integración entre baño y dormitorio, entre dos funciones con privacidad normalmente separadas, que reflejan la sensualidad y apertura mental de la arquitectura y sus protagonistas.

El baño no es una estancia que deba ocultarse, sino al contrario, se convierte en un escenario central, esencial en el día a día.

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La bañera en el dormitorio tiene antecedentes, no es una novedad. Rescata la tradición del baño de inmersión en la tina de madera, llenada con baldes de agua caliente, la posibilidad de tener una experiencia confortable, privada, a resguardo de la intemperie, en tiempos donde no había instalaciones sanitarias en la mayoría de las casas como para separar la función del baño en otro cuarto. Hoy se rescata el placer de esa experiencia con la bañera a la vista muy próxima a la cama.

Integrar en la misma superficie un área para vestidor y otra para aseo y relax es un recurso habitual. Las soluciones para que esta conexión sea armónica y práctica son muy variadas: muros a media altura, cambios de nivel o mobiliario sirven para que la unión de ambos ambientes resulte funcional y visualmente atractiva. Continuidad visual sin restar privacidad.

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