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Mesas metálicas de exterior: cuando el acero corten parece desafiar la gravedad

El mobiliario de exterior debe responder a múltiples exigencias. Además de resistir las condiciones ambientales, debe integrarse en el paisaje y contribuir a crear espacios agradables para disfrutar del jardín o la terraza. En este contexto, el diseño adquiere un papel fundamental, transformando un elemento funcional en una pieza con identidad propia.

Las mesas metálicas de exterior diseñadas por Criteria Arquitecthos nacen precisamente de esta idea: combinar la robustez del acero corten con una estética ligera, capaz de dialogar con la arquitectura y con el entorno.

Un mismo lenguaje para una colección

El proyecto desarrolla dos mesas que comparten un mismo concepto formal y material. Aunque presentan proporciones distintas, ambas podrían formar parte de una misma colección gracias a la coherencia de sus líneas y a la utilización de un mismo sistema constructivo.

Una de las piezas adopta un formato cuadrado con altura de mesa de comedor, mientras que la otra presenta un formato rectangular y una altura más baja, pensada como mesa auxiliar o de centro. Esta diversidad permite adaptarse a diferentes usos manteniendo una identidad visual común.

La personalidad del acero corten

El elemento protagonista es el acero corten, un material ampliamente valorado por su resistencia en exteriores y por la pátina natural que desarrolla con el paso del tiempo.

En ambas mesas, el plano horizontal está realizado mediante una chapa perforada de acero corten enmarcada con un perfil en L del mismo material. Las patas también se construyen con chapa perforada y se apoyan sobre una discreta base triangular que garantiza la estabilidad del conjunto.

Esta elección material no responde únicamente a criterios de durabilidad. El acero corten aporta una textura y un carácter que evolucionan con el tiempo, permitiendo que cada pieza envejezca de forma natural y se integre progresivamente en el paisaje.

Diseñar la ligereza a partir de un material pesado

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es el contraste entre el peso visual que normalmente se asocia al acero y la sensación de ligereza que transmite el conjunto.

La chapa perforada reduce la presencia maciza del material y genera transparencias que permiten que la luz atraviese tanto el sobre como las patas de la mesa. El resultado es una percepción visual mucho más ligera, hasta el punto de que el tablero parece suspendido sobre el espacio.

Este efecto demuestra cómo el diseño puede modificar la percepción de un material sin alterar sus prestaciones estructurales.

La luz como parte del diseño

Las perforaciones no cumplen únicamente una función estética. También convierten la luz en un elemento activo del proyecto.

Durante el día, la radiación solar atraviesa la superficie de la mesa proyectando juegos de luces y sombras sobre el suelo. Los objetos situados sobre el tablero también participan en este efecto, generando composiciones cambiantes que evolucionan con el movimiento del sol.

De este modo, las mesas dejan de ser únicamente piezas de mobiliario para convertirse en elementos que enriquecen la experiencia del espacio exterior.

Mobiliario pensado para convivir con la arquitectura

Las dos mesas comparten una geometría ortogonal de líneas limpias y proporciones equilibradas que facilita su integración en jardines, patios y terrazas de diferentes estilos arquitectónicos.

Más allá de su función práctica, el proyecto demuestra que el mobiliario también forma parte del lenguaje arquitectónico. Cada material, cada detalle y cada decisión constructiva contribuyen a establecer una relación coherente entre los objetos, la arquitectura y el paisaje.

Cuando el diseño consigue equilibrar resistencia, funcionalidad y belleza, incluso un material tan sólido como el acero corten puede transmitir una inesperada sensación de ligereza.

Conjunto residencial en Calella: habitar el Mediterráneo

Vivir junto al Mediterráneo es mucho más que disfrutar de la proximidad del mar. Es convivir con una luz particular, con una forma de entender el espacio exterior y con una tradición arquitectónica que, durante generaciones, ha sabido responder a las condiciones del territorio.

La arquitectura mediterránea nace de la observación del clima, de la orientación solar, de la ventilación natural y de la relación constante entre interior y exterior. Por ello, cualquier proyecto residencial que aspire a integrarse en este entorno debe dialogar con estos principios y reinterpretarlos desde una mirada contemporánea.

El conjunto residencial de 27 viviendas situado en Calella es un ejemplo de esta manera de entender la arquitectura.

Un espacio comunitario como corazón del proyecto

El conjunto se organiza en torno a un gran jardín central que actúa como elemento vertebrador de toda la actuación. La piscina, las zonas verdes y los espacios destinados al juego y al encuentro convierten este ámbito comunitario en un lugar de convivencia pensado para todas las edades.

La disposición de las viviendas en el perímetro de la parcela permite liberar un amplio espacio interior protegido, generando un ambiente tranquilo y seguro que favorece la vida comunitaria sin renunciar a la privacidad de cada vivienda.

La identidad de la arquitectura mediterránea

Uno de los rasgos más reconocibles del proyecto es la imagen exterior de las viviendas. Las fachadas blancas, las pequeñas ventanas y las contraventanas mallorquinas evocan la arquitectura tradicional mediterránea y contribuyen a una integración natural en el paisaje urbano de Calella.

Más allá de su valor estético, estos elementos responden a criterios funcionales que han demostrado su eficacia a lo largo del tiempo. El color blanco ayuda a reflejar la radiación solar, mientras que las contraventanas favorecen el control de la luz, la ventilación y el confort interior durante los meses más cálidos.

La combinación de estos recursos genera una sensación permanente de frescura en el interior y de calidez en los espacios exteriores.

Viviendas pensadas para vivir el espacio

Cada una de las viviendas desarrolla sus 240 m² en cuatro plantas diferenciadas según los usos.

La planta baja establece la relación con la calle y acoge el acceso a la vivienda, el aparcamiento y un pequeño despacho orientado al exterior. La primera planta concentra los espacios de día, con la sala de estar, la cocina y las terrazas. La segunda planta alberga la zona de descanso con dormitorios y baños, mientras que el ático se reserva para un estudio y una terraza orientada hacia el jardín comunitario.

Esta organización permite que cada nivel disfrute de unas condiciones específicas de privacidad, iluminación y relación con el entorno.

Arquitectura integrada en el territorio

El proyecto plantea una doble lectura arquitectónica. Mientras las fachadas exteriores buscan integrarse en las calles del entorno mediante una expresión más tradicional y cercana, las fachadas interiores adoptan una composición más serena y contenida orientada al jardín comunitario.

La atención prestada a los espacios exteriores y a las zonas comunes refuerza una idea fundamental: la calidad de la vivienda no depende únicamente de los metros cuadrados construidos, sino también de los espacios compartidos que contribuyen a mejorar la vida cotidiana.

En un entorno privilegiado como el Mediterráneo, la arquitectura encuentra su mejor expresión cuando es capaz de dialogar con el clima, el paisaje y las formas de habitar propias del lugar.

Oficinas Quality Espresso: espacios de trabajo para la creatividad y el bienestar

Las oficinas contemporáneas han dejado de entenderse únicamente como lugares destinados al trabajo. Hoy, el diseño de espacios corporativos busca crear entornos capaces de fomentar la comunicación, la creatividad y el bienestar cotidiano de quienes los habitan.

La renovación de las oficinas de Quality Espresso parte precisamente de esta idea: transformar el espacio de trabajo en una experiencia más humana, funcional y acogedora. Un proyecto donde arquitectura e interiorismo trabajan conjuntamente para adaptar un edificio industrial de 1962 a las nuevas formas de trabajar y relacionarse.

Un espacio abierto para conectar equipos

Quality Espresso, empresa especializada en el diseño y fabricación de equipos profesionales vinculados al café espresso y las infusiones, necesitaba unas oficinas alineadas con una identidad basada en la innovación, la precisión y la calidad.

La propuesta de Criteria Arquitecthos reorganiza el espacio a partir de un gran entorno abierto de trabajo. Desde el punto central del edificio, una recepción acompañada por un banco simétrico da la bienvenida y distribuye los recorridos hacia las distintas áreas.

La transparencia se convierte en uno de los elementos protagonistas del proyecto. Dos volúmenes poligonales de vidrio, prácticamente circulares y simétricos, albergan las salas de visitas, favoreciendo la comunicación visual y la sensación de amplitud dentro de la oficina.

En contraste, los despachos más privados se sitúan en los extremos del edificio como cajas de madera independientes, aportando calidez, privacidad y equilibrio material al conjunto.

Luz, acústica y confort

El proyecto presta especial atención a las condiciones ambientales del espacio de trabajo. La iluminación natural, el tratamiento acústico y la elección de materiales se integran para crear un entorno confortable y sereno.

En la planta superior, la zona común de trabajo recibe abundante luz natural desde el patio interior que separa las oficinas de la fábrica, generando una atmósfera luminosa y agradable durante toda la jornada.

Los despachos de dirección incorporan distintos sistemas de control solar —persianas antisolares y lamas verticales— que permiten regular la entrada de luz y mejorar el confort térmico.

La flexibilidad también forma parte esencial del proyecto. La sala de juntas puede dividirse mediante tabiques móviles para generar dos espacios independientes, tanto visual como acústicamente.

Materiales que humanizan el espacio

Cada decisión material busca reforzar la sensación de bienestar. En el comedor, el techo acústico textil contribuye a crear un ambiente más silencioso y confortable, mientras que el revestimiento cerámico evoca la textura cálida del bambú.

La elección cromática y material responde a una voluntad clara: alejarse de la frialdad habitual de muchos entornos corporativos para construir espacios más cercanos y habitables.

La arquitectura de oficinas ya no se limita a organizar puestos de trabajo. Hoy debe ser capaz de mejorar la experiencia cotidiana, favorecer las relaciones humanas y generar espacios donde creatividad, concentración y bienestar puedan convivir de forma natural.

CAP Vilassar de Mar: arquitectura sanitaria desde la claridad y la serenidad

El Centro de Asistencia Primaria de Vilassar de Mar se inserta en un contexto singular: comparte emplazamiento con el histórico Casal de Curación, un edificio protegido dentro del Plan de Protección Patrimonial del municipio. Lejos de generar conflicto, esta convivencia se resuelve desde la complementariedad, permitiendo un uso compartido y racional de los espacios exteriores y estableciendo un diálogo entre pasado y presente.

La implantación del edificio responde con precisión a los condicionantes urbanos existentes. Su desarrollo longitudinal a lo largo de la manzana no solo respeta las alineaciones previas, sino que las convierte en un recurso compositivo. Esta linealidad se enfatiza mediante la modulación de la fachada de ladrillo, donde las juntas horizontales marcan un ritmo constante, reforzado por un voladizo continuo de hormigón que recorre el edificio.

El acceso principal se sitúa estratégicamente en el punto central del volumen, como resultado directo de la organización interna. Desde uno de los extremos, un murete de ladrillo acompaña al visitante en un recorrido de aproximación que prepara la entrada, estableciendo una transición gradual entre el exterior y el interior.

Organización clara para una atención eficiente

El edificio se estructura a partir de un vestíbulo central que actúa como núcleo organizador. Desde este punto, se despliegan dos áreas diferenciadas: el área de atención continuada y el área de medicina general. Esta separación permite que ambas funcionen de manera independiente cuando es necesario, optimizando el uso del centro y mejorando la eficiencia asistencial.

Arquitectónicamente, esta lógica funcional se traduce en un sistema de conexiones verticales que articula las dos plantas del edificio, garantizando una circulación clara, intuitiva y fácilmente controlable. La centralidad no es solo una cuestión formal, sino una herramienta para facilitar la orientación del usuario y la gestión del espacio.

Luz, escala y bienestar

Uno de los elementos más significativos del proyecto es el espacio de acceso. El vestíbulo se configura como un doble espacio coronado por un lucernario que filtra la luz natural, generando una atmósfera suave y acogedora desde el primer momento.

La recepción, situada frontalmente, refuerza la claridad del recorrido, evitando incertidumbres en el usuario. La combinación de iluminación natural y artificial se ha trabajado cuidadosamente para crear un ambiente sereno, alejado de la frialdad habitual en muchos entornos sanitarios.

Este control de la luz, junto con la escala del espacio y la materialidad, contribuye a una arquitectura que busca humanizar la experiencia del paciente. Cada decisión proyectual responde a la voluntad de generar cercanía, confort y claridad.

Una arquitectura al servicio de las personas

El CAP de Vilassar de Mar demuestra cómo la arquitectura sanitaria puede ir más allá de la mera funcionalidad. A través de una organización clara, una implantación respetuosa y una atención cuidada a la luz y a los recorridos, el edificio construye una experiencia que acompaña al usuario en un momento especialmente sensible.

En este proyecto, la simplicidad no es una renuncia, sino una estrategia. Una forma de hacer arquitectura donde cada elemento tiene un propósito: facilitar, orientar y, sobre todo, cuidar.

La casa de los cinco elementos y la luna

En Cabrils, en la comarca del Maresme, se levanta una vivienda singular concebida desde una mirada profundamente sensorial y simbólica. La casa de los 5 elementos y la luna es un proyecto que articula arquitectura, filosofía oriental y experiencia cotidiana en torno a un espacio central: el patio.

Lejos de ser un simple vacío organizador, el patio se convierte en el verdadero corazón de la vivienda. Es aquí donde se representan los cuatro elementos clásicos —agua, tierra, aire y fuego— y donde aparece el quinto elemento según el taoísmo: la madera. A este conjunto se suma un sexto protagonista, de carácter poético y simbólico: la luna.

Un patio como origen de la experiencia

El proyecto se organiza alrededor de este patio central, que actúa como núcleo sensorial y distributivo de la casa. Cada elemento está cuidadosamente integrado mediante gestos arquitectónicos sencillos pero cargados de significado.

El agua aparece en forma de una pequeña fuente de tonalidad verdosa, que introduce el sonido y el movimiento como parte de la experiencia cotidiana. La tierra se manifiesta a través de las trepadoras que nacen del suelo y ascienden suavemente por los muros, aportando vida y tiempo al espacio. El aire se simboliza mediante un ventilador situado en la parte superior del patio, que pone en movimiento el ambiente y hace perceptible lo invisible. El fuego está presente a través de la chimenea de la sala de estar, visible desde el patio gracias a un cerramiento posterior de vidrio.

El quinto elemento, la madera, se sitúa en la cubierta del patio. El entramado de madera no solo completa el conjunto simbólico, sino que aporta calidez, textura y una dimensión táctil fundamental para la atmósfera del espacio.

La luna como elemento poético

Frente a la entrada de la vivienda, una luna circular de alabastro preside el patio. Durante el día, se ilumina de forma natural gracias a la luz cenital que entra por los ventanales superiores. Por la noche, un foco cuidadosamente dispuesto genera el efecto de luna llena, transformando el patio en un espacio de calma, contemplación y recogimiento.

La combinación de superficies blancas, la luz controlada y la presencia de la madera refuerzan esta sensación de serenidad. El patio cambia con las horas, ofreciendo distintas emociones a lo largo del día y de la noche, y convirtiéndose en un espacio vivido más allá de su función distributiva.

Organización de la vivienda

La distribución de la casa gira completamente en torno al patio. En la planta baja se desarrollan los espacios de día: sala de estar, comedor y cocina, todos ellos en relación visual y sensorial con el núcleo central. En la planta superior se sitúa la zona de noche, manteniendo siempre la referencia al patio como elemento de orientación y equilibrio.

La luz natural desempeña un papel esencial en el proyecto. Los ventanales superiores permiten que los rayos solares penetren en el interior durante el día, generando una atmósfera cálida y acogedora. De noche, la iluminación artificial se integra de manera discreta para preservar el carácter íntimo y poético del conjunto.

Arquitectura de los sentidos

La casa de los cinco elementos y la luna es un ejemplo claro de cómo la arquitectura puede ir más allá de la forma y la función para convertirse en una experiencia sensorial completa. Cada decisión de diseño responde a una voluntad de generar emociones, de acompañar la vida cotidiana y de crear un vínculo profundo entre el habitante y el espacio.

Esta vivienda forma parte de los proyectos recogidos en el libro La arquitectura de los sentidos. Una propuesta para habitar poéticamente, de Claudi Martínez, publicado por Editorial Recolectores Urbanos. Un proyecto que resume de manera precisa una forma de entender la arquitectura como escenario vital, donde materia, luz, símbolo y emoción se entrelazan.

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