El Centro de Asistencia Primaria de Vilassar de Mar se inserta en un contexto singular: comparte emplazamiento con el histórico Casal de Curación, un edificio protegido dentro del Plan de Protección Patrimonial del municipio. Lejos de generar conflicto, esta convivencia se resuelve desde la complementariedad, permitiendo un uso compartido y racional de los espacios exteriores y estableciendo un diálogo entre pasado y presente.
La implantación del edificio responde con precisión a los condicionantes urbanos existentes. Su desarrollo longitudinal a lo largo de la manzana no solo respeta las alineaciones previas, sino que las convierte en un recurso compositivo. Esta linealidad se enfatiza mediante la modulación de la fachada de ladrillo, donde las juntas horizontales marcan un ritmo constante, reforzado por un voladizo continuo de hormigón que recorre el edificio.
El acceso principal se sitúa estratégicamente en el punto central del volumen, como resultado directo de la organización interna. Desde uno de los extremos, un murete de ladrillo acompaña al visitante en un recorrido de aproximación que prepara la entrada, estableciendo una transición gradual entre el exterior y el interior.

Organización clara para una atención eficiente
El edificio se estructura a partir de un vestíbulo central que actúa como núcleo organizador. Desde este punto, se despliegan dos áreas diferenciadas: el área de atención continuada y el área de medicina general. Esta separación permite que ambas funcionen de manera independiente cuando es necesario, optimizando el uso del centro y mejorando la eficiencia asistencial.
Arquitectónicamente, esta lógica funcional se traduce en un sistema de conexiones verticales que articula las dos plantas del edificio, garantizando una circulación clara, intuitiva y fácilmente controlable. La centralidad no es solo una cuestión formal, sino una herramienta para facilitar la orientación del usuario y la gestión del espacio.

Luz, escala y bienestar
Uno de los elementos más significativos del proyecto es el espacio de acceso. El vestíbulo se configura como un doble espacio coronado por un lucernario que filtra la luz natural, generando una atmósfera suave y acogedora desde el primer momento.
La recepción, situada frontalmente, refuerza la claridad del recorrido, evitando incertidumbres en el usuario. La combinación de iluminación natural y artificial se ha trabajado cuidadosamente para crear un ambiente sereno, alejado de la frialdad habitual en muchos entornos sanitarios.
Este control de la luz, junto con la escala del espacio y la materialidad, contribuye a una arquitectura que busca humanizar la experiencia del paciente. Cada decisión proyectual responde a la voluntad de generar cercanía, confort y claridad.

Una arquitectura al servicio de las personas
El CAP de Vilassar de Mar demuestra cómo la arquitectura sanitaria puede ir más allá de la mera funcionalidad. A través de una organización clara, una implantación respetuosa y una atención cuidada a la luz y a los recorridos, el edificio construye una experiencia que acompaña al usuario en un momento especialmente sensible.
En este proyecto, la simplicidad no es una renuncia, sino una estrategia. Una forma de hacer arquitectura donde cada elemento tiene un propósito: facilitar, orientar y, sobre todo, cuidar.